Muchos pueden desglosar la historia de Independiente Santa Fe. Por supuesto, los propios hinchas del cuadro cardenal y por ahí una que otra persona aferrada a los intríngulis del futbol colombiano... Pero muy pocos conocen un detalle glamoroso, querido, sentimental, de esa misma historia: El de LOS MONAGUILLOS, un capítulo que pone el corazón a palpitar a mil por hora, para quienes hayan sido participes de este amor escondido, mas no olvidado.
Fue en una tarde dominical del mes de julio de 1948, cuando la siempre iluminada mente del campeón Carlos Arturo Rueda C, le impuso esa denominación a un equipo infantil del Independiente Santa Fe que recreaba la retina de miles de aficionados que habían 'madrugado' para observar las incidencias del preliminar al choque profesional del cuadro cardenal.
Rueda, un costarricense que se había afincado en tierras colombianas, exhibió esa virtud que sorprendía a propios y extraños porque cada uno de sus remoquetes aplicaba con exactitud y por eso sus apuntes de hicieron famosos, no solo en el fútbol, sino en todas las disciplinas que el narraba con una puntualidad exquisita. LOS MONAGUILLOS le salió del alma porque aquellos muchachitos, con la camiseta por fuera que les llegaba hasta las rodillas, sus colores rojo y blanco semejaban esa semblanza de las misas de la época
Era el nacimiento de una historia sobre la historia de uno de los clubes mas emblemáticos del futbol colombiano. Aquella que propiciara los primeros puntapiés a quienes fueron en la posteridad estandartes del Independiente Santa Fe porque su prueba de fuego estaba precisamente en Los Monaguillos. Este no era un club como otros que se fundaron en la época. No. Este era un apéndice de Santa Fe, el paso inicial de algunos que engrandecieron a una institución como la albirroja.
Y emergió de la fantasía de Carlos Arturo cuando aún en la capital del país se removían los escombros del Bogotazo, cuando todavía se esparcía el humo y se olía a pólvora por el asesinato del prócer Jorge Eliécer Gaitán, una tragedia que justamente dio lugar a promover movimientos deportivos en un intento del Gobierno para no solo apagar el incendio, sino también apaciguar los ánimos de una turba que lloraba hasta la saciedad la muerte de su líder.
"Es que Los Monaguillos era el paso obligado para quienes aspiraban, algún día, llegar a las toldas profesionales del Independiente Santa Fe", asegura el dirigente Efraín Pachón, ex presidente del club cardenal y ahora comprometido en la idea de desempolvar ese pedazo original de LOS MONAGUILLOS. De hecho, es el actual presidente de Los Monaguillos, ahora club independiente afiliado a la Liga de Fútbol de Bogotá.
Por allí, arropados bajo esa insignia, pasaron jugadores de la talla de Jaime Silva y Norberto 'Gallito' Hernández, entre otros, quienes fueron los pioneros de una pléyade en la que se destacan Alfonso "El Ciego" Laverde, Orlando "Estuca" Acevedo, Germán "El Flaco" Cadena, Jorge Fonseca, Hernando "El Mono" Silva (primo de Jaime), Eliseo Sosa, Víctor Toledo, Enrique Suárez, Valerio Laverde, todos integrantes de aquella primera generación...
Un contingente que después engrosaron nombres como los de Mario Bustamante, Hernando "El Mono" Tovar, Alonso "El Cachaco" Rodríguez, Bernardo Gamboa, los hermanos Efraín, Rafael y Moisés Pachón, Samuel Calderón, los Hermanos Cañón, Vicente Rebellón, el propio Ernesto Díaz, Luis Augusto “El Chiqui” García, entre otros. Los más recientes que se conocen son Freddy León, Leíder Calimenio Preciado, Stalin Motta y Jairo Suárez.
Aparte de lo que representaba Independiente Santa Fe como institución de linaje en la sociedad bogotana y colombiana, el club tuvo un hombre que supo moldear prácticamente un trabajo disciplinado, de formación y buenos modales como lo fue Jorge "El Gringo" Peñaranda, el dirigente, el técnico, el amigo, el mecenas, el consejero, sobre quien se construyó esta historia, gracias a su perseverancia, su voluntad férrea y su inconmensurable amor por el futbol y, por consiguiente, por Santa Fe.
Dicen que por la cátedra de Jorge "El Gringo" Peñaranda pasaron por lo menos mil jugadores en divisiones inferiores. En una de sus últimas alocuciones, "El Gringo" hizo mención a este verdadero récord, pero igual dejaba escapar un halo de sentimiento de manera anecdótica: solamente dos jugadores se le "fueron de las manos". Uno de ellos fue Ermel Hernández, el hermano de "Gallito", un rebelde que le sacó sus primeras canas. El otro jamás se atrevió a mencionarlo...
Obviamente, como parte de esta historia están personajes de primera línea como Don Gonzalo Rueda Caro, Guillermo Prieto, el doctor Rafael Afanador, Nazario Gómez Pinzón, quienes en su condición de dirigentes del Independiente Santa Fe, fueron los primeros en creer en el talento de este grupo de chicos del sur de Bogotá y, por supuesto, en la vocación de Jorge "El Gringo" Peñaranda, un verdadero apóstol de las divisiones inferiores en nuestro país.
"El Gringo", de hecho, nunca vertió sus enseñanzas o se dedicó a la formación de jugadores por dinero. Al contrario, aportaba de su propio bolsillo para satisfacer algunas necesidades de sus dirigidos. Pertenecía a la familia Peñaranda, la misma que hizo recorrido en la televisión colombiana con la programadora Punch.
"Mire, cuando él intuía problemas en un jugador, no se ponía en detalles: él mismo iba a la casa de uno para hablar con el papá y la mamá. Y si había que poner dinero, lo ponía con tal de solucionar situaciones. Por eso, cualquiera que haya pasado por sus manos, jamás podrá referirse a Peñaranda como una mala persona", asegura Alfonso "El Ciego" Laverde.
Su trasegar era infinito por las canchas de Bogotá. Al sur o al norte, al oriente o al occidente. No importaba el camino, la razón de ser era la de encontrar en cada mirada, en cada partido, en cada viaje, a una nueva figura con el fin de ficharlo para "sus" Monaguillos y, por ende, para el Independiente Santa Fe.
DESDE EL VERGEL CON AMOR
A mediados de la década de los años 40, la benevolencia de Doña Zoraida Cadavid de Sierra, de la misma familia de Don Pepe y de Doña Clara, donó tres manzanas de terreno en el sector del barrio El Vergel. Fue en la calle 1ª.-A entre carreras 21 y 22, con dos condiciones específicas. La primera: la construcción de unas casas para entregarlas a familias de escasos recursos (lo que hoy sería de interés social). Y la segunda: una manzana para diseñar un parque, con canchas de baloncesto y una de fútbol. Una especie de Villa Deportiva.
El acondicionamiento de esa cancha de fútbol, fue una obra comunitaria. Valerio Laverde, el padre de Alfonso y su homónimo Valerio, sacó los palos de su taller de carpintería y colocó los arcos. Y esa fue la puntada inicial para que a otros padres de familia se les despertara también la fiebre por el deporte y aparecieran con los demás implementos para que los hijos de El Vergel ocuparan su tiempo de ocio.
De hecho, esa pasión deportiva estaba en pleno furor por la realización de los Juegos Centroamericanos y Del Caribe en Barranquilla (1946) y la conquista del título mundial de béisbol en la Serie que tuvo lugar en Cartagena, con el liderazgo de "Petaca" Rodríguez. Tanto que los mismos chicos que pateaban la bola de fútbol, improvisaban unas bases en esa misma cancha de El Vergel, para lanzar sus "strikes" y sus ponches. Los bates salían de la misma carpintería y las manillas eran balones viejos desinflados para tales fines.
Las jornadas deportivas de El Vergel ganaron terreno en los medios de comunicación y el propio Carlos Arturo Rueda C, invitaba a través de los micrófonos a los aficionados para deleitarse con unos chiquillos que jugaban muy bien al fútbol y quienes también eran amigos del béisbol. "Allí, bajando por la Avenida Tequendama, se pueden apreciar unos verdaderos espectáculos deportivos", decía el campeón.
"Fue tan famoso El Vergel, que hasta líderes como Jorge Eliécer Gaitán iban a pronunciar sus discursos, a enseñarnos ese don de palabra, su indiscutible facilidad como orador… Y después de las intervenciones, las tenidas con cerveza con los líderes del barrio, se pedían por bultos, no por canastas como ahora, hasta bien entrada la noche. Mi papá era muy amigo de Gaitán, quien vivía allá por Egipto, y por eso le gustaba visitar el sector", recuerda Alfonso "El Ciego" Laverde, quien para la época pasaba por los 12 años. Rondaban por estos lares otros dirigentes como Luis Eugenio Ordoñez, "Tomate" Rincón. Desocupaban la Bavaria, la Bohemia, la Dopel (para las señoras, como la Maltina), Popular , Leona Oscura (que se tomaba con ron).
De hecho, Gaitán siempre observó que el deporte podía servirle en sus correrías proselitistas y, por lo tanto, veía cómo el fútbol se levantaba como una bandera nacional por lo que no era raro que incluyera en su campaña rumbo a la presidencia visitas a fortines deportivos. En el libro ‘Yo construí El Dorado’, el autor Carlos Fernando Álvarez relata el siguiente hecho a través de uno de sus personajes:
“La primera vez que ví a Gaitán fue porque llegó a las canchas de la Ciudad Universitaria, en la Nacional, donde entrenábamos con Monaguillos al lado del plantel profesional de Independiente Santa Fe.
“A ese entrenamiento en su Alma Mater arribó con un séquito de simpatizantes (lambones) políticos de turno (lo mismo); con su conductor, Argemiro Piñeros, y con Alfonso Senior, quien ya se desempeñaba como dirigente deportivo. Apareció, además, el técnico argentino Fernando Paternoster.
“Saludó a los jugadores y dirigentes mientras hacía el recorrido y confirmaba el afecto y adhesión de los presentes, ese magnetismo que sabía manejar. Piñeros cargaba con una maleta de cuero de color marrón e iba detrás de Gaitán, quien se dirigió a los camerinos del viejo estadio.
“Una vez adentro, Piñeros le pasó la maleta y la depositó en los bancos donde los demás jugadores dejaban sus pertenencias. La abrió y sacó una camiseta deportiva de la marca Otomana – que ya era famosa para el balompié en el país --, así como un par de botines marca El Gran Crack, linimento y vendajes para los tobillos y comenzó a cambiarse. Se vistió con un traje deportivo (o sudadera) de esos que empezaban a usarse con regularidad…
“Tomó una pelota y empezó a manejarla con los pies. Era ambidiestro. Al llegar al centro del campo, comenzó a hacer pases cortos a los jugadores de Santa Fe, quienes ya lo esperaban. La visita no fue sorpresiva sino trabajada…
“A la Ciudad Universitaria llegó en febrero de 1948… Allí se tomaron varias fotografías que están perdidas desde el 9 de abril… Los equipos estaban formados. Pitazo inicial y empezó el encuentro. Gaitán se paró en el campo, no de armador, como creíamos todos, sino de mediocampista por derecha. Corría cada pelota con suficiencia y al transportarla alzaba la cabeza, con elegancia, no muy rápido eso sí, más bien lento. A la hora de marcar dejaba todo el trabajo para el center half. Cuidaba su físico y sabía dónde estaba parado, que estaba jugando contra deportistas consagrados y que meses después de su muerte, ya presentida, llegaría el mentado profesionalismo”. El fútbol ya manejaba altas esferas de la sociedad.
Y de tanto "picado" en el barrio Vergel, generalmente a las 4-5 de la tarde todos los días, después de las clases en el San Bartolomé o el Nicolás Esguerra, los chicos se organizaron. Entonces, ya vinieron los desafíos con el Eduardo Santos, Luna Park, el Asilo de San Antonio (niños) y La Granja Montessori (niños de la beneficencia), todos muy contiguos a Tres Esquinas
"Yo creo que este enfrentamiento con Montessori, nos sirvió para evolucionar, porque nos retaron y nos ganaron como 4-0. Pero es que ellos tenían guayos, bien uniformados y nosotros, la mayoría jugaba en tenis. Al ver eso, algunos padres de familia se animaron a patrocinarnos y dotarnos de uniformes. Muchas camisetas y pantalonetas se fabricaron ahí en las casas por parte de las madres. Vino la revancha y les ganamos", dice Laverde.
Fue cuando Evelio Estrada, manizalita hincha de Independiente de Avellaneda, y Luis Herrera, decidieron tomar las riendas del grupo. Estrada escogió el uniforme: medias grises, pantaloneta azul y camisa roja con cuello y borde blancos en las mangas. Ya como equipo, empezaron a llegar jugadores de otros barrios para generar lo que se llamó Unión Victoria. Con gran suceso: en el torneo de la Liga de Cundinamarca se coronaron campeones invictos con 50 goles a favor y ninguno en contra. Otros clubes disputaron la competencia, entre los que se contaban Instituto San José, Asilo San Antonio, Luna Park, Modelo, San León, Esparta, Olaya, Eduardo Santos, San Fernando, Samper Mendoza.
Las ilusiones infantiles crecieron al ritmo de las victorias. Hasta que llego la invitación para los preliminares en El Campín. A Uranio le dieron un verdadero paseo: 6-1. Posteriormente Huracán, 4-1. Y no era para menos, Evelio Estrada, el comerciante de Manizales, les prometió un peso por gol. Eugenio "Aparicio" Castillo Meza se metió seis. "Este jugador era una fantasía. Hasta mejor que Willington Ortiz", cuenta Laverde.
Santa Fe se enfrentaba al campeón peruano Carlos Concha y por lo mismo, allí estaban los dirigentes impresionados por la destreza de los chicos del Unión Victoria. Tras el encuentro, bajaron al camerino e hicieron la transacción por la totalidad del grupo. Se pagaron mil pesos (el dólar estaba a la par). Y fueron fichados Alfonso Laverde, Fabio Rodríguez, Fabio Velandia, Jaime Silva, Norberto Hernández, Alfonso Rodríguez, Hernando Silva, Ermel Hernández, Jaime Rey, Pedro Corredor, Efraín Vásquez, Eugenio Castillo, Héctor Forero, Salomón Casallas, Hernando Castro y Luis Valdés.
Jorge "El Gringo" Peñaranda se paró frente al grupo y les dijo: "Muchachos, los esperamos en Santa Fe el próximo miércoles. Ustedes ya pertenecen a la institución". Pocos lo creyeron, pero la confirmación de Luis Herrera y Evelio Estrada, los aterrizó cuando se cambiaban en el camerino de El Campín. "Vayan bien arregladitos a la calle 17, entre carreras octava y séptima". Allí quedaba la Lotería de Cundinamarca, cuyo gerente Guillermo Prieto Mariño, era a la vez presidente de Santa Fe.
Lo mejor para el grupo y lo más novedoso fue la ficha médica. "Al Gallo Hernández le sacaron todas esas muelas que ya estaban podridas", dice Laverde. Pero también en cuestión estudiantil, ‘El Gringo’ Peñaranda empezó a ubicarlos en las escuelas y colegios, de acuerdo al sector donde residían.
Una nueva vida. Entrenamientos, fogueos, partidos, preliminares, entrar como a la élite de una nueva sociedad. Incluso los viajes en avión porque a la zaga del equipo profesional se llevaba a este puñado de infantiles, cuya fama y calidad, ya traspasaba los límites departamentales. Se enfrentaron al América de Cali, al Boca Junios de Obonaga, los Maiceros de Hinestroza en Medellín, al Junior de Barranquilla.
En esos preliminares fue cuando Carlos Arturo Rueda C, maravillado por las ejecutorias, sacó a relucir su gracia e imaginación para crear la denominación de LOS MONAGUILLOS... Es que el Campeón bautizó a medio país, como dice EL TIEMPO en su edición del 23 de junio de 1995. Popularizó los nombres de Los Embajadores a Los Millonarios, Cardenales a Independiente Santa Fe, Sabios al Once Caldas, Leopardos al Bucaramanga y Monaguillos al equipo infantil de Independiente Santa Fe. Allí nació la historia...
JORGE PEÑARANDA: EL APÓSTOL
Una muestra fehaciente de lo que significaban las divisiones inferiores de Independiente Santa Fe para "El Gringo" Jorge Peñaranda Ruan apareció en Diario Gráfico, el 1o. de noviembre de 1951:
"Todo puede acabarse en el Santa Fe, pero lo único que seguirá en pie, son las divisiones inferiores", dijo en forma tajante Peñaranda cuando el equipo profesional se hundía en una profunda crisis y empezaban a rondar los rumores sobre una posible desintegración de la escuadra cardenal.
Y bajo la iniciativa del entrenador de las divisiones inferiores del conjunto albirrojo se armó una cruzada de salvamento para los cuadros menores que se inició con un Comité Pro defensa de estas categorías. Sus dignatarios fueron Manuel Antonio Suárez (Presidente), César García Samper (Vicepresidente), Julio Ortega Samper (Tesorero) y Hernando Zuloaga (Fiscal), con la suplencia de Álvaro Del Castillo, Carlos A. Gómez, Moisés Piccioti, Alberto Uribe Tavera y Alfonso Marino Parra. Se adjuntaba una hoja en la cual se invitaba a los hinchas santafereños a vincularse con los aportes voluntarios. Casi que mano a mano, Peñaranda se encargó de repartir y también de promocionar la idea.
Semejante campaña, en la que se irradiaba el amor, la pasión y la convicción por un ideal, desencadenó un fenomenal movimiento que permitió conservar la estructura de las fuerzas básicas de una institución que ya se consideraba como un patrimonio de la sociedad bogotana. De todos los puntos cardinales, las voces de solidaridad se volcaron en pos de una causa. Era lo menos que se le podía compensar a un hombre que se la pasaba de barrio en barrio en busca de los talentos del balompié bogotano y que de esa forma mostraba alternativas de formación integral a la juventud cachaca.
Nadie a ciencia cierta sabe de dónde le afloró a Jorge Peñaranda esa profunda afición por el fútbol. Ni siquiera se le recuerda como jugador en su infancia o juventud. Había nacido el 10 de diciembre de 1925, en el ocaso de la presidencia de Pedro Nel Ospina, a la par de las campañas políticas que se desataban en Colombia por la posición de primer mandatario para el periodo 1926-1930.
Desde muy joven, mostró esa inquietud por el deporte desafiando incluso las ilusiones de su padre Guillermo Peñaranda Arenas, quien siempre le inculcó sus ideas por el Derecho, por las leyes, a su imagen y semejanza.
En el Obituario publicado por el periódico ELTIEMPO, el 2 de noviembre de 2006, 12 días después del fallecimiento, su hija Mónica así lo describe: "Fuiste un hombre dulce y decidido. Decisión que mostraste cuando en vez de estudiar Derecho en Londres, como quería tu padre Guillermo Peñaranda Arenas, estudiaste fútbol, otra de tus pasiones. Siempre nos decías el orgullo del abuelo con tus logros con el Santa Fe".
Lo cierto es que a los 20 años ya alternaba sus estudios de Derecho en la Universidad del Rosario, con su cotidiano peregrinaje por los barrios de la capital del país. Su carro rojo se hizo muy famoso en el ambiente rolo, porque era el medio de transporte de la muchachada. Y porque nadie nunca supo explicar cómo acomodaba a tantos chicos en los asientos.
Bogotá vivía y gozaba del fervor futbolístico a comienzos de los años 40. Santa Fe se fundó el 28 de febrero de 1941, en el Café Rhin, situado precisamente en el Pasaje Santa Fe, un callejón ubicado entre la calle 14 y la Avenida Jiménez de Quesada. Allí se reunían estudiantes del Gimnasio Moderno y del Colegio Mayor del Rosario, quienes le dieron vida y cuerpo al equipo de fútbol. Entre los años 42 y 45, creció la pasión en la sociedad bogotana, más aún cuando se empezaron a escribir las crónicas de los intensos duelos que sostenían Santa Fe y Los Millonarios. Además, empezaron las visitas de equipos extranjeros, hecho que definitivamente desató la fiebre entre los infantes.
Y esa fiebre fue justamente la que aprovechó Jorge Peñaranda para convertirse en pionero y apóstol de las divisiones inferiores del Independiente Santa Fe, algo que con el paso de los días se convirtió en una obsesión porque él, como visionario que fue, albergó esa fe y esperanza de surtir la primera escuadra con los mejores jugadores que brotaban de los mas recónditos potreros de la capital del país.
“Peñaranda aprendió fútbol viéndolo donde dice la historia moderna que se lo inventaron: Inglaterra, donde hizo curso de entrenador. Él nos dejaba junto con otros menores en la canchita que estaba detrás del vestuario de madera y mientras preparaba las camisetas que iban a usar los más grandes, arreglaba algunos viejos y deformados botines de fútbol. Le pasaba un poco de grasa a la pelota para que no se secara el cuero y cosía algunos remiendos en las gastadísima medias que ni color tenían de tanto lavarlas”, se recuerda en el libro ‘Yo construí El Dorado’, cuyo autor es Carlos Fernando Álvarez.
Y prosigue:
“El Gringo nunca se quedaba quieto. Se iban a la cancha a sacar piedritas, pintaba las líneas con cal y ajustaba las redes de los arcos. Luego volvía al vestuario, armaba el equipo, pegaba cuatro gritos, once puteadas y… a la cancha. Todo un ritual. Hermoso, único, inolvidable…
“El Gringo” viejo entrenador, nos ponía a trabajar para saber dominar cada vez más la pelota. Después del entrenamiento pateábamos descalzos una bola brasileña de goma. Aunque no había las mismas facilidades de la pelota súper tecnológica de hoy y hecha de materiales diferentes al cuero, la ventaja es que uno agarraba un shoot tremendo. Fortalecíamos, sin zapatos, las zonas del pie con las que había que pegarle al balón: bordes interno, externo y empeine. Así empezaba la fundamentación…
“Su invento del palito contra los troncos y para desarrollar la mirada periférica era famoso: amarraba a la cintura y hacia arriba un palo de unos 40 centímetros de largo cuya punta se alojaba bajo la quijada. De manera que si seguíamos con la manía de correr o de manejar la pelota bajando la cabeza, clavando la mirada al pasto, el palito apretaba… Nos enseñó a parar la pelota y amortiguarla con la cabeza, pecho y muslo, y a dormirla con el pie… Aprendimos a patear con derecha y con izquierda, a saltar, a cabecear, a despejar y a definir. Conocimos el trabajo del defensa y del delantero, a cómo marcar y cómo atacar”.
La familia Peñaranda vivía en la calle 55 con carrera 18. Y desde allí "El Gringo" iniciaba su recorrido diario. El mismo lo contó en una entrevista para el vespertino EL ESPACIO, con ocasión de los 50 años de Independiente Santa Fe:
"A las 5 de la mañana salía de mi casa y el primer barrio al que llegaba era el Gaitán. Empezaba a recoger a los muchachos. La mayoría estudiaba en el Colegio Americano de la calle 45. A las 6 de la mañana ya estábamos en la cancha del Olaya entrenando. Eran chicos de limitados recursos y por eso, al final del entrenamiento, yo les daba un vaso de leche y una mogolla. A las 8 de la mañana, dejaba a cada uno en los colegios...
"A las 9 de la mañana, tenía otro grupo al que yo llamaba el de 'Los Vagos', porque ni estudiaban ni trabajaban. Entrenábamos de 9 a 12 en la cancha San José, lo que hoy en día es el barrio Los Alcázares.
"Y al finalizar el día, desde las 6:30, hacíamos futbol en el campo del Instituto La Salle. Era un jueguito libre con pelota de tenis. Mire, en esos años, Santa Fe ponía a jugar por lo menos a 20 equipos durante los fines de semana en todos los campeonatos que existían. ¿Quién me ayudaba? Muy pocos. Tengo que darle un reconocimiento enorme a Carlos Frank, un austríaco de nacimiento, que me impulsaba, me animaba, y me acompañaba en estas lides. Nadie más".
El tema deportivo no lo era todo para "El Gringo". Sus alumnos, sus dirigidos, lo recuerdan como el entrenador, el amigo, el consejero, el padre, el confidente... Sus charlas no se limitaban a lo futbolístico, abarcaban toda una formación integral, en las que se incluían las propias familias de los jugadores.
Su lema era muy claro y contundente: Si no van a ser futbolistas, por lo menos que sean personas de bien y si estudian una carrera, mucho mejor. Él fue un adelantado en esta materia, como avizorando lo que medio siglo después empezaron a poner en práctica los más connotados clubes del Viejo Continente, donde se tiene una verdadera estructura como tal. Por eso, rondaba por colegios y universidades en busca de cupos y becas para sus talentos.
Uno de sus habituales discursos remarcaba esos conceptos y se reflejan en el libro de Carlos Fernando Álvarez ‘Yo construí El Dorado’:
“Ciertos clubes creen cumplida su labor deportiva, organizando de cualquier manera un cuadro de figuras, sin desarrollar ninguna labor constructiva, en pro del criollismo, de nuestra juventud. Valdría la pena preguntarse cuáles de nuestros pomposamente llamados ‘clubes’ merecen tal denominación, o si más bien no es una reunión de 15, 16 o 18 profesionales, de fama, a veces discutible, produciéndoles dinero a unos cuantos mal llamados aficionados al progreso deportivo de Colombia (…) Los jóvenes nuestros tienen una extraordinaria facilidad para aprender, inteligencia para captar las enseñanzas, el muchacho nuestro asimila cualquier enseñanza en cuestión de momentos (…) No obstante, yo opino que nuestra juventud, biológicamente está mal . Atribuyo esto a deficiencias alimenticias, bajo standard de vida, falta de estaciones. Sería interesante ver el progreso de nuestras categorías infantiles que se pudieran concentrar en una Colonia de Vacaciones, bien alimentados, mejorando sus reglas de higiene y con un favorable cambio de clima”.
‘El Gringo’ nuca tuvo reparos para nada. Y si había necesidad de aportar algún dinero, no tenía ningún problema en hacerlo. Se recuerda que tuvo a un jugador llamado Rafael Suárez, de limitados recursos. Lo recogía, lo llevaba, lo vestía ("Los vestidos que le daba el papá, el se los entregaba a ese muchacho", recuerda su señora Maruja), y prácticamente lo hizo profesional. Una historia que jamás se olvida porque Suárez sufrió una lesión en un pie y, sin embargo, "El Gringo" lo mantuvo dentro del grupo y él mismo lo llevaba a la Universidad. Algún día, Suárez coronó su carrera de medicina.
Uno de los mayores orgullos de su vida y que narraba con especial significado era el de haber contribuido a la formación de Los Monaguillos. Él fue quien, desde la tribuna de El Campín en una tarde soleada de domingo, animó a los dirigentes del Independiente Santa Fe para que bajaran al camerino y adquirieran los derechos de ese grupo de muchachitos del sur que deleitaban a la afición en el preliminar del partido profesional. Observó el talento, la exquisitez y la solvencia de aquellos irreverentes del fútbol que dibujaban verdaderas pinturas antes de la celebración de un gol. Era el equipo Unión Victoria que contaba con los imberbes Jaime Silva, Norberto Hernández, Hernando Silva, entre otros, y cuya transacción ascendió a los mil pesos.
"Eso nos cambió la vida porque ya teníamos un apoyo que nos permitía estudiar sin problemas y jugar fútbol a nuestra manera, bajo la batuta de 'El Gringo', quien se encargaba de todo. Muchas veces de su bolsillo sacaba para el bus. Y como no nos pagaban, entonces él se las ingeniaba para que los dirigentes autorizaran vestidos para los jugadores en un almacén Valher que quedaba en el centro", recuerda Alfonso Laverde, el arquero de esa primera generación.
Pero esas ilusiones, esa vida nueva que se le abría a un grupo de niños, ese proyecto por el que luchaba a muerte 'El Gringo' Peñaranda, estuvo a punto de truncarse por la agitada vida política que se desataba en el país. Desde 1947 las aguas se mostraban turbulentas por las persecuciones políticas, por las matanzas, por la guerra civil en algunas regiones, por las acusaciones mutuas entre liberales y conservadores, hechos que prácticamente polarizaron a Colombia.
Laureano Gómez de un lado y Jorge Eliécer Gaitán del otro, abanderaban movimientos políticos en los que no había límites, tanto de palabra como de hecho, ante la mirada un tanto pasiva de un presidente como Mariano Ospina Pérez, quien frente a las huelgas, las manifestaciones, esos odios de banderas, mantenía su posición de "sigo insistiendo ante los partidos para que depongan los odios banderizos y hagan menos bárbara y cruel la lucha política". Era el 11 de febrero de 1948.
Esos días de terror, llamaban a un recogimiento casi total a la población civil. Salir a la calle era someterse a las requisas, a los abusos de la Policía, total zozobra en las vías bogotanas. Y como si fuera poco, también se estaba a expensas de los allanamientos a destajo. Entonces, cualquier otra manifestación, en nuestro caso el futbolístico, estaba mandado a recoger para evitar un problema a toda costa.
Pese a ello, el apóstol del fútbol aficionado, Jorge Peñaranda Ruan, mantenía sus convicciones, su fe y su voluntad para no dejar a la intemperie a su puñado de infantiles y de barrio en barrio, de casa en casa, de colegio en colegio, se las arreglaba para recoger a sus pupilos y mantener su rutina de entrenamientos. Tal perseverancia, mantuvo por lo menos en contacto a sus dirigidos, a sus familias.
Y el caldo de cultivo que ya hervía en el ambiente nacional, desembocó en uno de los capítulos más trágicos que recuerde la historia de Colombia: EL BOGOTAZO. Fue asesinado el líder Jorge Eliecer Gaitán a la 1 de la tarde del 9 de abril de 1948 en la esquina de la carrera séptima con Avenida Jiménez. Las cifras oficiales dejaron constancia de 1.500 muertos y 2.500 heridos, registros que para muchos resultaron exiguos frente a la hecatombe y la ola de violencia que se vivió por esos días.
Cuando el humo aún se levantaba sobre las calles bogotanas, los escombros eran recogidos y se iniciaba la reconstrucción, el Gobierno decretó una serie de reformas económicas y sociales que empezó a desvanecer las crisis que azotaban al país. Y dentro de esas medidas de emergencia, estaba el total apoyo a las manifestaciones deportivas, entre ellas, indiscutiblemente el fútbol que había dado muestras de una gran evolución en los últimos tiempos.
Por eso, se dio rienda suelta a los intercambios, a los partidos internacionales, con el ánimo de acallar en buena parte, las protestas que aún rondaban en la población. También se fundó la División Mayor del Futbol Colombiano (Dimayor), el 27 de junio de 1948 en Barranquilla, pese a la oposición de las ligas aficionadas que querían mantener su hegemonía sobre estadios y escenarios.
De hecho, los clubes profesionales ya estaban muy adelantados en sus intercambios, en sus fogueos, en sus giras e incluso ya contaban entre sus filas a varios jugadores extranjeros, como gran atractivo. Entonces, se incrementó la actividad y permitió la reapertura de los preliminares en los estadios, entre los que se destacaba este grupo de Los Monaguillos de Jorge Peñaranda y que ya era parte de las tertulias futbolísticas tanto por su calidad técnica como por esa difusión que siempre afloraba por parte del campeonísimo Carlos Arturo Rueda C.
Un año dorado para el Independiente Santa Fe fue 1948. El torneo profesional se inició el 15 de agosto y el 13 de diciembre, a una fecha del final, ya se proclamaba como el primer campeón del rentado nacional. Venció por 6-0 al Independiente Medellín para hacerse inalcanzable en la puntuación frente a su escolta el Junior de Barranquilla.
Pero a la zaga siempre apareció el equipo de divisiones inferiores, Los Monaguillos dirigidos por Jorge Peñaranda, invitado a los preliminares en varias ciudades del país porque deleitaba con su fútbol a los madrugadores de los estadios. Por ejemplo, para un amistoso en Cali fueron Valdés, Hernando Silva, Rodríguez, Velandia, Neneco Rey, 'Gallito' Hernández, Jaime Silva, Laverde, Vásquez, Aparicio Castillo, Rodríguez, Corredor, Forero y Salomón Casallas. 'El Gringo' recuerda este partido en particular porque Jaime Silva y Norberto 'Gallito' Hernández se volaron de la concentración y se fueron a pasear por las calles de Cali en una bicicleta alquilada. Ese acto de indisciplina se reflejó en el marcador: 3-1 a favor de los Diablos Rojos.
Jorge Peñaranda vivía y gozaba a plenitud esa época. No solo había consolidado una estructura de divisiones inferiores, sino que veía premiada su labor por las múltiples invitaciones que llegaban a la institución para ver en acción a los chicos. Por eso, redobló su interés y su esfuerzo en pos de una capacitación que le permitiera no solo un crecimiento personal sino de sus dirigidos. Su mirada y las ilusiones traspasaron las fronteras y empezaron a diagramar unos cursos en Londres, allí muy cerca a los inventores del futbol.
A través del club Santa Fe solicitó la inscripción a los programas de la Liga Inglesa. Y al cabo del tiempo, logró ese objetivo: una misiva llegó a la entidad en donde se daba cuenta de la aceptación del señor Jorge Peñaranda para cuatro cursos de entrenamiento en 1950, unas semanas después del Campeonato Mundial en Brasil. Lo que para muchos era una utopía, para 'El Gringo' que todo lo sabía y todo lo podía gracias a su fe de carbonero, se había hecho realidad. El primer colombiano en realizar un curso de entrenador nada menos que en la Liga Inglesa, la más prestigiosa del mundo.
EL GRINGO, UN VISIONARIO
Lo que nunca dejó 'El Gringo' fue su humildad. Mantenía la costumbre de arropar a sus futbolistas y una de sus premisas para entregar confianza y respaldo era la de llegarle a fondo a las familias. Entablaba una gran amistad con los padres. Para mirar su hábitat, para insinuar consejos de orden nutricional, para saber cómo era el comportamiento tanto en la casa como en el colegio y en definitiva para tratar de generar alguna ayuda económica cuando el caso lo ameritaba.
Esa estrecha relación se refleja en el intercambio de cartas con algunos de ellos, con ocasión de su viaje a Londres para estudiar fútbol. Esta es la respuesta a la misiva que le envió a finales de 1950 a Valerio Laverde, el papá de Alfonso y de Valerio:
Madrid 14 de marzo 1951
Señor Don
Valerio Laverde
Muy apreciado amigo:
Sea lo primero presentarle un atento saludo y hacer votos por su prosperidad personal.
Estoy muy agradecido por haber recibido sus cartas del 28 de diciembre de 1950; parece que el correo incurrió en lamentables equivocaciones o demoras porque hasta la semana pasada no tuve el gusto de recibirlas. Ha sido para mí muy halagüeño recibir carta de un amigo a quien recuerdo siempre con especial deferencia; es la primera carta que recibo de uno de los padres de los pibes que juegan en mis equipos y eso ha hecho que yo le haya concedido una consideración especial.
Tanto en Londres como en Madrid, donde me encuentro hace más de quince días, he estudiado con detenimiento la organización deportiva de estos países. Si bien en fútbol poco pueden enseñarnos en estos momentos en lo que se refiere al aspecto técnico, en el táctico los ingleses siguen siendo verdaderos maestros, y en España he podido admirar la organización verdaderamente sorprendente de uno de los mejores clubes del mundo: EL REAL MADRID.
Una cosa que me ha llamado especialmente la atención es el hecho de que en Colombia consideren a nuestros jugadores de divisiones inferiores de calidad, no igual a la de los españoles o ingleses. Mentira, ni en Inglaterra ni en España, existe un Carrón, un Casallas, un Jaime Silva, un Pote Suárez o un Fáver Rodríguez. La calidad de nuestros jugadores es realmente extraordinaria y por eso cuando regrese mis mayores esfuerzos los dedicaré a preparar debidamente todos esos diamantes que solamente les falta un poco de pulimento para brillar en todo su esplendor. Le puedo asegurar que si en Colombia se siguen produciendo valores de esas condiciones en veinte años figuraremos a la altura de los mejores del mundo.
Lo felicito por la gran parte que debe corresponderle en los éxitos que han tenido Alfonso, Carron y Quique en los estudios durante el año pasado. Francamente ellos no hicieron sino corresponder a los esfuerzos de un padre que puede presentarse como modelo. Estoy seguro que a medida que vayan creciendo los muchachos se irán valorando sus esfuerzos y los de su señora esposa y trataran de corresponderles en mayor grado.
Nuevamente le agradezco el que se haya acordado de este amigo y me suscribo como su atto. y s.s.
Firmado: Jorge Peñaranda
Allí, en la carta, 'El Gringo' plasmaba no solo su amistad, sino la visión y la proyección que le veía a la materia prima de nuestro país. Siempre fue calificado como un creyente profundo de las condiciones del jugador criollo, definitivamente un adelantado de la época que no solo se contentaba con ser el primero en esa especialidad de busca-talentos, sino que sus inquietudes se dirigían hacia la comparación con otras latitudes como para saber en qué posición se encontraba en este inmenso mundo del balompié.
TRIANGULACIÓN ESCALONADA Y COMPLEJO VARF
También esos conocimientos que adquiría en el futbol inglés, los transmitía en 1950 a través de sus escritos en Dominical Deportivo del diario EL ESPECTADOR y que era dirigido por su gran amigo Carlos Arturo Rueda C. Allí desglosaba sistemas de entrenamiento, análisis de partidos, comentaba la organización de los clubes.
Mike Forero Nougues, quien fuera director de las páginas deportivas de EL ESPECTADOR, también lo recuerda:
"El Gringo" fue un hombre muy culto. Un adelantado de la época, con una gran visión. El fue el primero en hablar de la Triangulación Escalonada, una parte táctica que después vino a implantar Edgar Barona con el equipo olímpico del 68 y que causó revuelo en nuestro país. Pero esos conceptos los trajo Peñaranda desde Inglaterra, era muy estudioso y seguidor del fútbol británico.
"Un hombre Colorado, bonachón, que no hacía alarde de sus conocimientos y más bien siempre estaba dispuesto a enseñar. Más o menos de 1,70 metros de estatura, Colorado, de gran conservación de figura física. No tenía vicios. Descubrió a verdaderos genios como los Vega, los Silva, en fin, una gran cantidad de valores que se perdieron en el tiempo y la distancia porque la oportunidad para los criollos era nula por ese prurito de siempre contratar extranjeros.
"Además de la Triangulación Escalonada, se refirió con seguridad del Perfil Cambiado, del Complejo Varf (Velocidad, agilidad, resistencia, fuerza), conceptos que obviamente trajo de sus cursos en Londres. Y los cultivaba apasionadamente con sus dirigidos. Me acuerdo que fue el director técnico de la Selección Colombia Juvenil que iba al Suramericano de Caracas en 1954. Y en el aeropuerto de Cali, mientras se abordaba el avión que estaba muy demorado, se las ingenió para repetir una charla técnica con un tablero improvisado y con granos de maíz. Vivía, comía y pensaba en fútbol las 24 horas del día. Lástima que esos conceptos y esas premoniciones se hayan desvanecido con el tiempo porque no tuvieron eco en la dirigencia".
Cuando regresó de Londres, en 1951, aplicó toda esa gama de conceptos en las divisiones inferiores de Santa Fe, club que curiosamente empezaba a atravesar una crisis económica que incluso llevó a su dirigencia a pensar en la disolución del equipo profesional. Gracias a las gestiones de 'El Gringo' salió a flote el amor santafereño y muchos hinchas se vincularon a una campaña que procuraba el mantenimiento de las menores aportando voluntariamente una suma mensual.
Los aires que respiraban Los Monaguillos en 1952 eran renovadores. Aquel movimiento que salvo de la muerte a las categorías inferiores sirvió para que los chicos bogotanos llegaran con mayor insistencia a las toldas rojas. Además, con el incentivo grandioso de poder jugar en El Campín, en los preliminares del equipo profesional.
"Los Monaguillos", en el preliminar de mañana en El Campín", rezaba el titular de EL ESPECTADOR el 19 de julio de 1952. Era un juego contra Los Millonarios. La nómina fue la siguiente: Armando Cuervo (arquero); Valerio Laverde y Luis Alberto Barrero (zagueros); Hernando Valdés, Jaime Silva, y Víctor Manuel Toledo (medios); Hernando Silva, Salomón Casallas, Mario Bustamante, Norberto Hernández y David Afanador (delanteros). Suplentes: Alfonso Navarrete, Efraín Vásquez, Carlos Ramírez y Pedro Corredor.
Un hecho curioso, pero que demuestra el interés y la expectativa que despertaba esta escuadra: El preliminar lo había programado la Liga de Cundinamarca entre Santa Fe y Tigres, de la primera departamental. Pero las directivas de Santa Fe decidieron que este encuentro se jugara a las 10 de la mañana y los chicos lo hicieran a partir de las 12:30 p.m. El de fondo era Santa Fe vs. Viena.
El 25 de agosto de 1952, un titular de EL ESPECTADOR, decía: "Lo mejor de la tarde santafereña: Los Monaguillos", para recalcar el hecho de que de los tres partidos vistos ese día, el que se llevó los honores fue el de los infantiles ante un cuadro Intercolegiado de Bogotá. Se comentaba que "El encuentro lo siguió la afición con interés en medio del entusiasmo general. Hubo momentos en que no se esperaba ni el encuentro de fondo, tal era la expectativa que había despertado aquel choque entre chiquillos no mayores de 12 anos. Y para completar, un resultado final de uno a uno, que justificaba plenamente la labor que habían tenido los chicos. Un gran triunfo del Gringo Peñaranda". Esa alineación fue Julián González (arquero); Montana y López; Mejía, Buitrago y Pumpun; Lloreda, García, González, Ballesteros y Galindo.
En el lapso de un mes, Jorge Peñaranda entregaba renovación en la plantilla de Los Monaguillos, pero igual mantenía su filosofía futbolística. Entonces, el propio aficionado ya reclamaba desde su fibra nerviosa más profunda el espectáculo de estos infantiles magistralmente dirigidos por 'El Gringo'. Por eso, se volvió una costumbre para el hincha rojo llegar temprano al estadio para ver al futuro de su pasión del alma.
El premio para esa quijotesca labor como entrenador de divisiones inferiores fue la designación como director técnico de la Selección Colombia que participó en el I Campeonato Suramericano Juvenil, realizado en Caracas en 1954. Peñaranda armó la escuadra con base en jugadores de Santa Fe, Los Millonarios y Deportivo Cali, quizá los únicos clubes que mantenían una estructura de divisiones inferiores. La nómina era:
Arqueros: Alfredo Escobar (Cali) y Jorge Enrique García (Los Millonarios).
Defensas Laterales: Nelson Quintero (Cali), Carlos Henríquez (Boca Juniors), Hernán Martínez (Cali).
Defensas centrales: Héctor Girón (Cali), Héctor Lombana (Santa Fe).
Volantes medios: Harold Valderruten (Cali), Héctor Holguín (Cali), Jaime Silva (Santa Fe), Pedro Sánchez (Cali).
Delanteros: Marcos González (Cali), Mario Bustamante (Santa Fe), Sigifredo Ruiz (Cali), Víctor Vega (Santa Fe), Norberto Hernández (Santa Fe), Darío Vega (Los Millonarios), Vicente Pinillos (Cali), Vicente Montoya (Cali).
Un equipo que causó sensación por su buen trato de pelota, por su condición técnica, por su estética, muy al estilo de Peñaranda. Era algo así como un oasis para el fútbol colombiano que empezaba a sufrir ese vacío de la bonanza propiciada por la época de El Dorado que tocaba a su fin por esos días. Empató 1-1 con Uruguay, 1-1 Con Chile y le ganó a Ecuador 1-0 para avanzar a la siguiente fase, en donde perdió 1-0 ante Perú, un marcador que nadie se explica por la exuberante exhibición futbolística del cuadro colombiano. Un viejo pecado aparecía desde entonces: la falta de definición.
Una vez cristalizada otra de sus ilusiones como era la de dirigir a una Selección Colombia, 'El Gringo' se fijó otra meta: la de retornar al futbol inglés para mantener su crecimiento en la materia. Siempre fue un enamorado de ese fútbol punzante, de velocidad y de profundidad que se practicaba en Europa, algo que se sentía con la obligación de imprimirle a nuestro balompié para llegar realmente a un status de primer nivel.
Pero a su regreso, la vida de Jorge Peñaranda dio un vuelco de 180 grados: decidió casarse con Maruja Ronderos, integrante de una familia muy amiga y por quien había profesado admiración desde las épocas de infancia. 'El Gringo' era muy allegado de Jaime y Rafael, hermanos de Maruja, sus compinches en las cuestiones futbolísticas. Días en los que las visitas de familia eran muy frecuentes y de allí nació el amor por Marujita, quien le despertó ese sentimiento a primera vista.
La atracción fue mutua, pero mantuvieron el secreto por muchos años para no despertar celos e inconvenientes entre las dos familias debido a la diferencia de edad. Igual, hubo ese pacto tácito porque ambos sabían que el uno había nacido para el otro y que era cuestión de tiempo para sacar a la luz pública ese flechazo que los tocó desde un comienzo.
Los padres de Marujita murieron en 1955, año en el que 'El Gringo' retorno de Inglaterra y de inmediato le propuso matrimonio. Se casaron el 10 de noviembre de 1955 y fue el comienzo de una nueva vida para Peñaranda porque dejó un poco al margen su pasión por el fútbol para dedicarse por completo a su hogar. De esa unión nacieron tres hijos: Jaime, María Lucia y Mónica. Y ellos a su vez procrearon 6 nietos.
"Del fútbol solo quedó la ida al estadio para ver a Santa Fe. Yo lo acompañaba religiosamente los domingos, nos sentábamos en la tribuna y desde allí lo seguía. Lo invitaban al palco, pero él siempre prefirió verlo desde la grada. De un tiempo para acá, se volvió peligrosa la asistencia al estadio por la barras, por los hinchas. Entonces, seguía las incidencias de su Santa Fe a través de la radio y la televisión", recuerda Marujita Ronderos viuda de Peñaranda.
Además, el 13 de junio de 1954 había surgido una coyuntura histórica en Colombia. A las 7 de la noche de ese día, nació la televisión en nuestro con las notas del Himno Nacional y una intervención del Presidente General Gustavo Rojas Pinilla. Un hecho que marcaria un rumbo definitivo, no solo en 'El Gringo', sino en general en la familia Peñaranda. Jorge ya se hizo partícipe de los negocios de la familia desde que se hizo jefe de hogar. Entonces, fue fundamental en el origen del Fotograbado Nacional, en la Programadora Punch, Gran TV, Peñaranda y Asociados, para convertirse en uno de los pioneros de la televisión colombiana. No solamente como empresario, sino como buscador de talentos. De uno de sus viajes a España afloró la imagen de Pacheco, a quien no dudó en recomendar para animar los primeros programas de la TV nacional.
"Jamás abandonó el deporte. A mí me perfeccionó en el tenis y alcancé a quedar campeona en los interclubes de Bogotá. Iba mucho a Los Lagartos a departir sus jugarretas con Daniel Ferro y el 'Mono' Riveros. Sus otros pasatiempos eran la lectura y la música de Beethoven. Nunca se lamentó de haber dejado su condición de entrenador, pero si veía con cierta melancolía como el club se olvidó un poco de las divisiones inferiores cuando el salió...", dice doña Marujita.
Tiempos difíciles en la vida nacional que igualmente fueron determinantes para marginarse de la actividad deportiva. Se pensó que con la llegada de Rojas Pinilla al poder, se calmaría la violencia política. Al contrario, ésta se recrudeció y empezó a generar innumerables protestas estudiantiles. Y llegaba a límites insospechados con la censura de prensa que desembocó en el cierre de los periódicos El Tiempo, El Espectador y El Siglo, el 3 de agosto de 1955. Rojas cayó el 10 de mayo de 1957
Por allá en 1970, alguien trató de recuperar a Jorge Peñaranda para el fútbol cuando fue elegido como Presidente de la naciente Liga de Bogotá. Pero fue un paso efímero, como a propósito para dar una mano al balompié capitalino que se independizaba de la Liga de Cundinamarca. Definitivamente, ya era un próspero empresario que prefería dedicarle su tiempo de ocio a la familia, a su esposa e hijos.
El 7 de octubre de 2006, 'El Gringo' fue llevado a la clínica por un paro respiratorio...
"Pero estaba tranquilo porque él sentía que había cumplido con su vida. El 20 por la noche se mejoró, pero el 21 pronunció sus últimas palabras: "TE AMO". Ese día fue también la derrota del Independiente Santa Fe que él también vio por televisión. Estaba tranquilo, rodeado de sus hijos, de sus nietos que para él lo era todo. Hay que darle las gracias a Dios porque se fue tranquilo", cuenta Marujita Ronderos.
El apóstol, el quijote, el abanderado de las divisiones inferiores, abandonó la tierra dejando un legado de humildad, sencillez y buenas costumbres. Un hombre que moldeó una estructura de categorías menores, no solo en la parte deportiva sino en forma integral. Un adelantado que trazó un camino, que dejó una huella indeleble, pero que jamás tuvo eco como para creer que por estos días estaría el futbol colombiano con mejores horizontes.
LAS GENERACIONES
Se pueden mencionar algunos jugadores de las primeras generaciones que moldeó Jorge ‘El Gringo’ Peñaranda, como para resaltar que su olfato y su ojo como buscador de talentos era incuestionable.
Primera Generación
Luis Amórtegui
Pedro Corredor
Alberto Forero
Alfonso Laverde, ‘El Ciego’
Fabio Rodríguez
Hernando Silva, ‘El Mono’.
Hernando Valdés, ‘El Chato’.
Salomón Casallas.
Eugenio Castillo, ‘Zito’.
Norberto Hernández, ‘Gallito’.
Jaime Rey, ‘Neneco’.
Efraín Vásquez, ‘Mecha Brava’.
Alfonso Rodríguez, ‘El foward’.
Fabio Velandia
Jaime Silva.
Hernando Castro, ‘El Cocha’.
Segunda Generación
Luis Barrero, ‘El Negro’.
Valerio Laverde, ‘Carrón’.
Gabriel Mantilla, ‘Tito’.
Víctor Toledo.
Jaime Silva.
Hernando Valdés, ‘El Chato’.
Norberto Hernández, ‘Gallito’.
Ermel Hernández.
Hernando Silva, ‘El Mono’.
Pedro Corredor.
Salomón Casallas.
Efraín Vásquez, ‘Mecha Brava’.
Alfonso Navarrete.
Tercera Generación
Víctor García.
Alfonso Navarrete.
Luis Barrero, ‘El Negro’.
Héctor Lombana.
Humberto Aguilar.
Octavio Reyes, ‘El Payaso’.
Orlando Acevedo, ‘Estuca’.
Germán Cadena, ‘El Flaco’.
Armando Delgado.
Víctor Vega.
Mario Bustamante.
Álvaro Afanador.
Héctor Suárez, ‘El Pelado’.
Edilberto González, ‘Bogotá’.
Adolfo Navarrete, ‘El Negro’.
Cuarta Generación
Carlos Aranda, ‘El Primo’.
Héctor Castellanos.
Miguel Castillo.
Ricardo España.
Jorge Fonseca, ‘El Coronel’.
George García.
Hernando García, ‘Calambres’.
Luis Eduardo Leyton.
Jaime Molina.
Manuel Monsalve, ‘El Ruso’.
Luis Montaña.
Servio Tulio Pineda.
Héctor Pinillos, ‘Butaco’.
Hernando Riveros.
Hernán Rozo.
Alfonso Suárez, ‘Calao’.
Alfonso Tovar, ‘Salchicha’.
Eduardo Tovar, ‘Tovita’.
Hernando Tovar, ‘El Mono’.
Luis Velandia.
Después, vino el ‘paso al costado’ de Peñaranda y su lugar como entrenador de divisiones inferiores de Santa Fe y Los Monaguillos, fue ocupado por otros apóstoles del fútbol colombiano como Alfonso Sepúlveda, Carlos Sánchez, Jaime ‘El Loco’ Arroyave, Samuel Calderón, Fabio Espinosa, que conservaron por siempre esa línea técnica y futbolística y su consagración a la formación y desarrollo de las divisiones inferiores.
Fue así como bajo su orientación fueron responsables de continuar con esa gran cantera del futbol colombiano donde se formaron jugadores de la talla de: Alfonso “El Maestrico” Cañón, sus hermanos Carlos, Miguel y Eladio, Aníbal Niño, Ernesto Díaz, Moisés Pachón, Germán “Basílico” González, Arturo Boyacá, Jorge Millán, Bernardo Chía, Carrión, “El sapo” Ávila, Jorge Miranda, Guillermo Fajardo, “El pocho” Ramírez, Alonso “El cachaco” Rodríguez (Q.E.P.D), Antonio Duque (Q.E.P.D), Hernando Piñeros (Q.E.P.D), Jorge Cantor, Luis “El chiqui” García, Vicente Rebellón y en los últimos años Eduardo Niño, Fernando Hernández, Wilmer Cabrera, Fredy Rincón, Adolfo “El tren” Valencia, Leider “Calimeño” Preciado, Jhon Fredy Duque, Jair Palacios e Iván David Rivas.
En la actualidad se mantiene viva esta historia gracias a la participación de insignias santafereñas como la familia Pachón (Rafael, Efraín, José y Moisés), Alfonso “El Maestrico” Cañón y familia, Samuel Calderón Salazar, Alfonso Sepúlveda, Fabio Espinosa, Hernando “El mono” Tovar, Ramiro Barrera, Víctor Rosas Aguilar, Orlando Díaz, Fredy Amazo, Arturo Boyacá, Astolfo Romero y Luis Jerónimo López.
Víctor Rosas Aguilar.
Director de Comunicaciones.
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